Pues sí: estoy teniendo unas vacaciones de los más tecnológicas. Resulta que existe un invento llamado oficina móvil, que hace uso de la tecnología UMTS para no permitir que puedas desconectar ni en la playa ni en la montaña ni en ningún sitio, vaya. Bueno, supongo que quedará algún país remoto donde estas cosas todavía no funcionen, pero este verano me tocaba no salir de España, así que… Brrrr. Resultados: pues que no he podido desconectar, porque tenía que estar pendiente de asuntos pendientes del trabajo. Y como segunda derivada, que puedo leer blogs y actualizar el mío, es lo que tiene tener conexión a internet.
Y como también me he agendado un ipod, estoy todo el día descargando canciones del emule, y tan contenta. Tengo una relación conflictiva con la música. Me encanta, pero me sensibiliza mucho (demasiado), y hubo un tiempo en que no quería oir música, porque me afectaba demasiado, y había que procurar, por todos los medios, no sentir, no recordar, olvidar. Ahora me sigue afectando, pero menos: lo tengo más controlado. E incluso me puedo permitir el lujo de dejarme llevar por alguna canción, por los sentimientos que provoca e incluso por los recuerdos, tristes o alegres, amargos o dulces, sin que me supere la melancolía. Total, que estoy enganchada al ipod, más tecnología a mi vera, verita, vera. Lo del móvil, ya lo tengo asumido: qué se le va a hacer.
Estas ni son vacaciones ni son nada. No me vuelve a pasar: el año que viene viajaré, aunque sea en Agosto y me encuentre con todas las hordas.
Agosto 25, 2006 a las 10:38 pm
¡Ojito con esos chismes! no sólo pueden dar calambrazos, además mandan unas ondas malignas a los cerebros que hacen enloquecer a la gente.
Hace unos días, lo vi en la CNN, un tipo tecnoholizzz de esos, se descargó por equivocación un vídeo porno de Tony Genil y el hombre está ingresado en el hospital provincial de Baltimore, dice que sólo ve tonys geniles en su ipod, en sus mp3, en su portátil… ¡una pena! está el hombre totalmente enloquecido.
Besoss
Agosto 30, 2006 a las 7:07 am
Qué cosas se te ocurren, ¡¡eres genial, Ararat!!