Archivo de Septiembre 2006

Me voy…

Septiembre 26, 2006

Tengo esto totalmente abandonado, pero es que he estado abducida por el trabajo y por… otras cosas. Lo que pueden cambiar las cosas de un día para otro. Qué rara es la vida.

Antes de verano estaba hastiada de Madrid; pensaba que ya no quería seguir aquí, que este no era mi sitio, que necesitaba un cambio. Y no me daba cuenta (o sí) de que la que necesitaba cambiar era yo.

Pues estoy en en ello. Y justo ahora, justito ahora que es cuando veo todo de color de rosa (con algunas manchas negras, claro: pero es que yo soy así), es cuando me tengo que ir. Bueno, no es para siempre. Pero justo ahora… Siempre me pasa lo mismo, qué cosas.

No sé si dentro de un par de semanas, al releer este post, me daré cuenta de lo equivocada que estaba al ver las cosas como las veo hoy o no. No lo quiero saber de momento, dentro de un par de semanas lo sabré a ciencia cierta, de nada sirve elucubrar. Lo que sí sé es que hacía mucho, mucho tiempo que no me sentía tan radiante, por dentro y por fuera.

¿Que me pego un batacazo? Bueno, pues será uno más que añadir al montón. También esta semana me he llevado alguna decepción bien gorda. Y debe ser que ya tengo callo, porque la he aceptado con resignación y hasta con cierto orgullo por llevarlo bien. Debe ser que mi autoestima ha vuelto, porque esto me pasa hace dos meses y me hunde. No me he hundido. Me han dicho “no quiero que estés” y yo he contestado “te tomo la palabra: pero cuando quieras que esté seré yo la que no quiera estar”. Hay amistades tan frágiles que se rompen por cualquier chorrada. Y hay gente tan tonta como para no saber separa lo personal de lo profesional. Gente que prefiere las amistades superficiales a las verdaderas. Pues vale, que así sea. No soy nada rencorosa, me cuesta mucho olvidar; pero cuando olvido, cuando por fín decido prescindir de alguien… no hay vuelta atrás. No es que ya no le quiera, es que es como si nunca le hubiera querido. Lo de la gota que colma el vaso, vamos. Una historia muy vieja.

…Y creo que me estoy enamorando. Y creo que esta vez es distinto. Y creo que él también se está enamorando de mí, a pesar de lo raro que empezó siendo todo, de lo raro que ha seguido siendo, de lo raro que es él y de lo rara que soy yo. De lo mucho que nos separa, de lo difícil que va a ser. No puedo evitar sonreir cuando me mira. No puedo evitar estar contenta. Aunque no tenga motivos.

Pero, justo ahora… Me tengo que ir. Y sé que lo voy a pasar bien. Me encanta viajar…

Jihad y apostolado

Septiembre 19, 2006

Según parece, los musulmanes “moderados” (que los hay, aunque estén bastante escondidos porque ellos también están acojonados) se quejan de las palabras del Papa porque asimila la Jihad a una versión musulmana de las cruzadas a la guerra santa, a la imposición de su fé por la fuerza al resto de la humanidad.

Ellos dicen que no: que la Jihad es lo que los católicos llaman apostolado.

¿Hay diferencia entre la Jihad y el apostolado? Hombre, yo creo que, incluso entre la versión moderada de la Jihad y la versión más agresiva de apostolado ((o al menos muchos de los que yo he conocido, versión Opus Dei) hay una diferencia monumental. En el apostolado católico hace siglos que no se usa la violencia. Sí se usan técnicas psicológicas agresivas (hacerte sentir culpable, coaccionarte, engañarte… pero sin violencia de ningún tipo), pero hace siglos que no se usa la violencia física para imponer una doctrina.

En la Jihad sí se usa la violencia, y lo triste es que la inmensa mayoría de los musulmanes no se da cuenta de que quemar una iglesia en respuesta a una declaración del Papa o a unas viñetas en un periódico es una barbaridad.

Por eso no puede haber Alianza de Civilizaciones ni gaitas. Ellos están todavía en la edad media. Habrá que sacarlos de ahí. Pero no en plan Irak, que ya hemos visto que eso no funciona. Pero algo habrá que hacer; lo que no podemos hacer es mirar a otro lado y silbar como si no fuera con nosotros la cosa.

Montaña rusa

Septiembre 15, 2006

Ayer fué un día completito. En general, ésta semana está siendo completita. Pero bien completa, la verdad.  He vuelto muy zen, y esperaba seguir igual de zen al menos durante una temporada.

Hace tiempo tuve una historia con un compañero de trabajo (gran error, y único error: nunca antes había ocurrido, y espero que nunca más vuelva a tener una historia con un compañero de trabajo, es un gran gran marrón). Y ahora resulta que, por aplicación de la ley de Murphy, tenemos que trabajar juntos en un tema.

En su día, cuando pasó, a mí me dió subidón. A todas las tías nos da subidón cuando empezamos una historia con alguien, de lo contrario no la empezaríamos. No existe eso de enrollarse con alguien y que no te importe. Siempre te importa, por lo menos al principio. Luego, si ves que el tema no avanza, se enquista, o no mola, se te quita el subidón, y o bien le multiplicas por cero (si el subidón ha sido considerable, es lo mejor), o pasa a ser amiguete (raro, raro, raro. Sólo en los casos en los que el subidón ha sido limitado), o pasa a ser operario (subidón controlado. Nada recomendable, te vuelves muy cínica). Toda esta teoría se vuelve mucho más complicada si es un compañero de trabajo, lo de multiplicarle por cero se hace difícil. No te queda más remedio que tragarte las ganas de mandarle a la m… y poner buena cara, mantener las distancias, las apariencias y el buen rollo.

Lo que pasa es que a mí ya se me ha pasado el subidón, estoy en fase de bajada vertiginosa. Y claro, como suele ocurrir, en cuanto el tío ve que tú pasas, es a él al que le da el subidón. El instinto de cazador, es que nunca falla, qué simples son los tíos (no todos, pero la mayoría sí) a veces.

Qué pereza, de verdad. Con lo tranquila y lo zen que yo estaba. Y las pocas ganas de montaña rusa que traía.

Cambiar

Septiembre 7, 2006

Había escrito un post larguíiiiiiiiisimo que se ha perdido para siempre al darle al botón de Publicar.

Y ahora no me siento capacitada para reescribirlo de nuevo. Pero vamos, que el tema iba de lo complicado que es cambiar de vida, renunciar a unas cosas en favor de otras. Cambiar tus prioridades. Asumir el riesgo de equivocarte.

En mi caso, para cambiar de vida tendría que cambiar también de ocupación. Tendría que renunciar al trabajo que tengo, en el que no me va mal; renunciar al presunto “glamour” de ese trabajo (soy muy tonta, y es que me encanta coger aviones, ir a eventos, presentaciones y demás zarandajas). Renunciar a la pasta que cobro en ese trabajo, ya que ni de coña me pagarían lo que me pagan en otro sitio (que nadie se lleve a engaño: trabajo mil millones de horas, y seguramente lo que yo cobro por hora trabajada es menos de lo que cobra un maestro de primaria). Y como mi planteamiento para cambiar de vida pasa por cambiar de ciudad de residencia, supondría también renunciar a la vida que llevo en Madrid, e incluso a mi casa, que tendría que poner en venta para comprarme otra.

A cambio ganaría en calidad de vida. Podría tener hijos. Podría tener tiempo libre. Podría hacer deporte, andar en bicicleta por el paseo marítimo, ir al cine, leer. Estaría cerca de mi familia.

Todo el mundo me dice que me aburriría a los dos meses, y estaría deseando volver al mogollón. Que a mí me va la marcha. Que no me imaginan en una ciudad más pequeña. Que echaría de menos la vida que llevo ahora, y que me arrepentiría.

Y yo no sé qué hacer, porque me gustaría tenerlo todo, y no puedo.

Cambiar

Septiembre 7, 2006