Vacaciones tecnológicas

Agosto 24, 2006 por manderley

Pues sí: estoy teniendo unas vacaciones de los más tecnológicas. Resulta que existe un invento llamado oficina móvil, que hace uso de la tecnología UMTS para no permitir que puedas desconectar ni en la playa ni en la montaña ni en ningún sitio, vaya. Bueno, supongo que quedará algún país remoto donde estas cosas todavía no funcionen, pero este verano me tocaba no salir de España, así que… Brrrr. Resultados: pues que no he podido desconectar, porque tenía que estar pendiente de asuntos pendientes del trabajo. Y como segunda derivada, que puedo leer blogs y actualizar el mío, es lo que tiene tener conexión a internet.

Y como también me he agendado un ipod, estoy todo el día descargando canciones del emule, y tan contenta. Tengo una relación conflictiva con la música. Me encanta, pero me sensibiliza mucho (demasiado), y hubo un tiempo en que no quería oir música, porque me afectaba demasiado, y había que procurar, por todos los medios, no sentir, no recordar, olvidar. Ahora me sigue afectando, pero menos: lo tengo más controlado. E incluso me puedo permitir el lujo de dejarme llevar por alguna canción, por los sentimientos que provoca e incluso por los recuerdos, tristes o alegres, amargos o dulces, sin que me supere la melancolía. Total, que estoy enganchada al ipod, más tecnología a mi vera, verita, vera. Lo del móvil, ya lo tengo asumido: qué se le va a hacer.

Estas ni son vacaciones ni son nada. No me vuelve a pasar: el año que viene viajaré, aunque sea en Agosto y me encuentre con todas las hordas.

La Tabla Rasa

Agosto 8, 2006 por manderley

Una de las diferencias que alimentan el debate entre los progres y los liberales es la concepción que tienen de la naturaleza humana.

Simplificando mucho, los progres defienden contra viento y marea -y contra la evidencia científica- la doctrina de la “tabla rasa”. Todos somos iguales, pero igualitos, oye: y es solamente el entorno el que influye en el mayor o menor desarrollo intelectual, social y económico de una persona.

Yo creo que una cosa es que todos nazcamos con los mismos derechos, y otra cosa muy distinta -y que nada tiene que ver- es que todos nazcamos con las mismas capacidades. Porque para nada: yo soy una negada para cantar ópera, y por mucho que se me hubiera estimulado cuando era un bebé nunca me habría podido convertir en una Maria Callas. Ella nació con ese don; yo no.

Al igual que hay gente que nace con un don para cantar arias sin desafinar, hay gente nace más inteligente que otra. Y gente que nace más sensible. Y gente que nace más buena, más deportista, más trabajadora, más generosa, más desprendida o al contrario: más egoísta, más mentirosa, más perezosa, más jeta. Es que es así, y cualquiera que haya estado en contacto con niños lo sabe: la educación, el entorno, permite moldear hasta cierto punto a una persona: pero sólo hasta cierto punto. El niño que nace ordenado, es ordenado (mi hermano); mientras que yo, que soy una desordenada patológica, siempre he sido así, a pesar de los esfuerzos de mi madre para corregirme.

Supongo que a los progres les asusta reconocer que existen diferencias entre individuos por el miedo a que se pueda hacer un uso sexista, racista, clasista o cualquier otro -ista del tema. También, porque va en contra de toda su doctrina del colectivismo, conductismo, y su oposición al elitismo y la meritocracia, que tantas barbaridades ha deparado (véase Pol Pot, la revolución cultural china y el Gulag). Y por eso, niegan la mayor: todos somos tablas rasas, si alguien delinque es porque creció en un entorno hostil, no se le educó convenientemente, está influido por un entorno propicio para la violencia, etc. Y por tanto, la culpa es de la sociedad en su conjunto, y es la sociedad la que tiene que reinsertar al individuo, al coste que sea: nadie nace siendo asesino, ladrón, estafador o mentiroso: es el mundo el que le ha hecho así, como a Janette rebelde sin causa.

Pero… Ay, ay, ay. Que no: que los psiquiatras llevan décadas hablando de los psicópatas irrecuperables. Que hay gente que no siente remordimientos, ni culpa, ni nada que se le parezca. Que nacieron así, y no cambiarán. Muchos de los asesinos de ETA son sociópatas y psicópatas irrecuperables. Pero ahora se nos pide que miremos a otro lado, que perdonemos, que hay que recuperarles para la sociedad. Pues yo no quiero olvidar ni perdonar. Y además no tengo la culpa de que el psicópata del asesino de Miguel Angel Blanco y otros tantos haya seguido su vocación innata. Ni yo, ni la sociedad. La culpa la tienen sus genes, que le hicieron así. Y no tiene solución.

La igualdad de derechos y oportunidades y el progreso de la sociedad no tienen absolutamente nada que ver con que todos nazcamos iguales. Esto no tiene por qué justificar el sexismo ni el racismo ni el clasismo: se ha demostrado que son los individuos los que nacen distintos, no las agrupaciones de esos individuos que queramos hacer, atendiendo a diferentes características de los mismos. Una vez más, pienso que son los individuos los que tienen derechos y obligaciones, no los colectivos ni los grupos de individuos. Por eso estoy en contra de la discriminación de cualquier clase, positiva o negativa.

Hay un libro estupendo, que me estoy leyendo sobre el tema; es de Steven Pinker, y su título es el de este post. Lo recomiendo.

Brindis

Agosto 1, 2006 por manderley

Miami es una fiesta.

http://www.miami.com/mld/elnuevo/15169130.htm

Conozco un poquito Miami, y este verano tenía oportunidad de ir otra vez. Me daba un poco de pereza repetir… Pero ahora me están entrando ganas.

Y, contrariamente a lo que muchos creen, no todos los exiliados cubanos en Miami son ricos o ex-ricos. Son legión, y me pareció admirable como se ayudaban unos a otros, y cómo hablaban de Estados Unidos con agradecimiento por haberles acogido. Pero vamos, admirable. Recuerdo en especial a un camarero del hotel Biltmore, que nos estuvo contando toda su experiencia. Era un “balsero”. Y cuando llegó, no tenía a nadie. Pero sus compatriotas le ayudaron: le acogieron en una casa, le ayudaron a buscar trabajo, a salir adelante. Y él se sentía en la obligación de ayudar a los que llegaban, como a él le habían ayudado.

Nunca he comprendido cómo a los presuntos progres de aquí no se les caía la cara de vergüenza al justificar el régimen de Castro. Ojalá alguno de ellos hubiera podido hablar con aquel camarero del Biltmore, y escucharle sin prejuicios.

Dicen que aquí mucha gente brindó con champagne el día que murió Franco. Dicen que allí mucha gente brindará también el día que muera Fidel.

A palabras necias, oídos sordos

Julio 31, 2006 por manderley

Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado. Supongamos que que alguien se porta con nosotros de una forma descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado siempre con ella bondadosos y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de su actitud descortés o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del ofensor carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación, debe concluir: ” este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o actos de una bestia?”.

Lo dijo Confucio, aunque en realidad no estoy muy segura de la fuente (el google, es lo que tiene).

Lo que sí dijo, y es lo que yo andaba buscando es “No contestes a una palabra airada replicando con otra de igual tenor. Es la segunda, la tuya, la que seguramente llevará a la riña“.

Y cuánta razón tiene; en principio, parece que quien origina la riña es quien ataca primero. Sin embargo, es verdad que si tú no respondes, no habrá riña.

Pues eso.

Limpieza

Julio 30, 2006 por manderley

Hoy me siento perezosa. Y cansada. Estoy cansada de mí misma, y de mis circunstancias.

Y no me apetece pensar. Pero necesito un cambio. Ya. Tengo que hacer limpieza: de amigos, de amores, de recuerdos, de nostalgia. Pesa mucho, demasiado. Y quiero sentirme ligera.

Odio los domingos. Y los domingos de verano son lo peor.

Resentidos

Julio 29, 2006 por manderley

Poco me ha durado la juerga…

Hay veces que una retirada a tiempo vale un imperio. Y mi imperio es mi dignidad. Hasta aquí hemos llegado, este es el límite, estas son las líneas rojas que he marcado. Que nadie las traspase, porque no lo consentiré. Ya no.

No soporto a los resentidos: resentidos sociales, resentidos porque tú no les hiciste caso, resentidos en general. Esta noche me ha tocado sentarme en la misma mesa que un resentido en toda regla: un antiguo amigo, antiguo rollo, antiguo, antiguo. No se da cuenta de que ya no puede tratarme así. No se da cuenta de que ya no soporto, ya no tengo por qué soportar su resentimiento. No se da cuenta de que ya no somos los que éramos, y que las cosas han cambiado. Que él tiene su vida, que a mí me parece muy lamentable, pero con la que es feliz. Que yo tengo mi vida, y que yo no tengo la culpa de haber nacido en la familia que he nacido, de haber tenido suerte (o habérmelo currado) en el trabajo, de no ser una chupóptera y de no necesitar de enchufes ni de novios ricos.

En ciertas cosas se nota que la gente es resentida: hablábamos, y se quejaba de la chica que trabaja en su casa, limpiando. En una actitud completamente racista, denigratoria, se quejaba de que “esta gente” viene aquí y se aprovecha del personal. Que quería una española, que ya estaba harto de chicas extranjeras, que no son lo mismo. Se quejaba de que a la chica que va a limpiar a su casa, y a la que paga 8 miserables euros la hora, la llamaban por teléfono y perdía tiempo. Le he afeado su actitud, diciéndole que a todos nos llaman cuando estamos trabajando, a todos. Que esa pobre chica estaba trabajando para ganarse la vida, y que no la podía tratar con ese desdén, con esa superioridad. Que en mi casa toda la vida hemos tenido chica, y es como de la familia. Que hay que ser más comprensivo. Que igual que a él no le gustaría que le tratasen así en el trabajo, cómo se atrevía a tratar así a una pobre chica extranjera que estaba aquí para ganarse la vida con un trabajo tan duro. 

Me ha dicho que según yo, y los que piensan como yo (o sea: los que hemos cometido el horrible pecado de votar al PP), lo que querríamos es incinerar a todos los inmigrantes (¡¡¡¡!!!!), y que claro: como a mí me sobra el dinero, me da igual que la chica que limpia en mi casa pierda el tiempo, pero que a él le duele en el alma cada euro que le paga. Y yo, muy digna, le he dicho que se había pasado tres pueblos, y que quien estaba siendo racista, xenófobo y clasista era él. Y me he levantado de la mesa, y me he ido. No ha sido sólo por lo de esta noche, la verdad es que mi relación con este resentido de la vida hace mucho que estaba deteriorada: él no me perdona que mi familia tenga pelas y la suya no, no me perdona que yo tenga un buen trabajo y él no, y tampoco me perdona que él me tirara los tejos y yo no le hiciera caso, mira tú.

Piensa que la vida ha sido injusta con él, y no se da cuenta de que el único que ha sido injusto con él ha sido él mismo, por vago y por jeta. En la época del colegio mayor era, de todos los amigos, el que mejor vivía con diferencia. El que más salía, el que más viajaba, el que tenía una nevera, tele y equipo de música en su habitación, el que más gastaba. Era un tío muy divertido, rey de todas las fiestas, simpático, bonachón, buena gente. Con los años, se fué amargando. Sus padres, que más tarde descubrimos que eran bastante humildes, le estaban pagando esa vidorra que se pegaba con grandes sacrificios. Y hubo un día que le cortaron el grifo. Entonces, empezó a cambiar. Empezó el resentimiento, la envidia, el mal rollo. 

Ni yo ni ningún otro le tuvimos envidia cuando era él el que vivía como un rey y los demás no. No recuerdo jamás haberme sentido ni superior ni inferior a nadie por eso: en un colegio mayor convives con gente de todo tipo, gente con muchas pelas y gente con beca. Gente a la que sus padres, con más o menos posibles, les pasaba más dinero, y gente, como yo, cuyos padres veían la vida de otra forma, y no podían o no querían que vivieras como un maharajá. Yo tenía, y sigo teniendo, amigos que estaban forrados, forradísimos: pero vivían de una forma normal, discreta, estándar. Y otros que tenían de todo: coche último modelo, ropa de diseño, fiestas, de todo. Nunca sentí envidia ni resentimiento por no tener todo eso, ni me sentí inferior a nadie, ni pensé que la vida fuera injusta conmigo porque yo no pudiera irme de compras por Ortega y Gasset, como hacían mis amigas. Era muy consciente, porque así me lo habían hecho ver, de que era una privilegiada: estaba estudiando una carrera universitaria, estaba en un colegio mayor. Si quería tener más pelas de las que mis padres me podían dar, daba clases particulares, cuidaba niños o ponía copas en un garito. Punto.  

Me hace gracia: porque este tío, aparte de estar enchufado y trabajando de interino prácticamente desde que acabó la carrera, es un viva la virgen legendario: de esas personas que no ven absolutamente nada raro ni inmoral en que “les fichen” los compañeros para cumplir con sus horas de trabajo “obligatorias”, que compagina dando clases en una universidad privada (enchufa do también), cuando se supone que tenía que estar trabajando en ese puesto donde está de interino. Pero claro, que la chica que le va a limpiar la casa, y a la que paga 8 miserables euros la hora, la llamen por teléfono cuando está limpiando su casa… Ufff.

Claro está: vota al psoe, porque es de los “suyos” (es decir, da igual la ideología: se trata de un tema de clase. Porque para él es normal explotar a una inmigrante, es normal estar enchufado, es normal que te fichen en el trabajo, es normal todo: el caso es vivir como un rey trabajando lo mínimo, de eso se trata). Y es un progre de libro, de los que van dando lecciones de moral a los demás, y habla de lo chorizos y reaccionarios que son los del PP (siempre los del PP, claro: es el tema de la viga). Manda huevos.

Bueno, el caso es que no aguanto a los resentidos. Y este tío llevaba ya mucho tiempo tocándome la moral, así que hasta aquí hemos llegado, bye bye y que se vaya con su resentimiento a otra parte.

Y que curre, que la vida no le debe nada a nadie. Y si no ha tenido la suerte de nacer en una familia rica, como era su sueño, para hacer el vago bien, mala suerte, mira tú. Sobre todo para los demás, que somos los que, con nuestros impuestos, pagamos el sueldo que él no se gana, por muy enchufado que esté.

Sustitutos

Julio 29, 2006 por manderley

Aunque me moleste reconocerlo, la verdad es que le sigo echando de menos. Y más aún en días como hoy, en los que es más evidente para mí lo mucho que me estoy perdiendo. No importa: no se puede luchar contra los elementos. No importa. Pero me molesta seguir dándole vueltas a la cabeza, seguir pensando en una persona con la que no funcionó. O igual es eso, que no sé si funcionó o no, porque ni siquiera nos dimos tiempo para saber si funcionaría o no.

En días como hoy, me pregunto qué hubiera sido de mi vida si hubiera seguido con él. Cómo se hubiera integrado con mis amigos, qué pensaría de ellos y de ellas, de cómo piensan, de cómo viven… Y al revés. Qué pensarían ellos de él. Es una prueba de fuego, la de superar una reunión familiar o de amigos que son como tu familia. Y me lo imagino.

Creo que le doy demasiada importancia a lo que piensan los demás. Pero es que es importante. Soy una persona muy social, y muy sociable. Y me encanta estar con gente, y estar a gusto. Y la famosa frase de “no te veo con él” o “no te pega nada”, o “no tenéis nada que ver” para mí es demoledora, sobre todo si quien me lo dice me conoce bien.

Eso sí: no debería ser tan severa conmigo misma, porque… También tengo amigas, y amigos, que tienen parejas que me alucinan o me alucinaban, con quien yo pensaba que ni de coña, y al final lo único que me ha importado es que fueran felices, y que les hicieran felices. 

Y por tonta, ahora estoy aquí, echándole de menos y pensando qué hubiera pasado si… Pero no se puede luchar contra los elementos. Y tampoco me quería tanto, si no luchó por mí, y se rindió enseguida. Si me hubiera querido, hubiera comprendido mis inseguridades y mis miedos, y se habría quedado conmigo. No me quería tanto… En cambio yo, creo que sí le quería. Porque tanto tiempo después, le sigo echando de menos. He tenido rollos, y líos, y tonterías, y le sigo echando de menos y sigo pensando en él. Todavía no lo he superado. Y qué pena me da saber que él sí lo ha superado, y ya probablemente ni pensará en mí. Porque cada día que pasa es un día que confirma la sentencia de muerte de un amor que parecía tan… Pero que no era más que un espejismo. Uno más.

Así que habrá que irse por ahí a “repartir ilusión”, como dice un buen amigo mío. Coquetear es un buen sustituto del amor, sobre todo si es sin sexo: es lo más parecido que existe. Te sube la autoestima, y te hace olvidar que has fracasado otra vez. Quedarte en casa lamiéndote las heridas funciona el primer mes, luego hay que poner remedios, los que sean.

Skull Fashion

Julio 27, 2006 por manderley

Según parece, ha llegado una nueva moda: el momento calavera.

Si lo anuncia el suplemento de moda del NYT, es que no hay nada que hacer. Aquí llegará, como siempre, con unos meses de retraso, pero vamos: que fijo que está al caer.

De hecho, hoy he estado hojeando revistas (momento pelu-relax), y efectivamente, allí estaban las calaveras, por todas partes: las “creadoras de estilo” a quienes imita todo el mundo (Kate Moss, Sienna Miller, Lindsay Lohan, … y hasta a “Bradgelina” le colocaron sus famosos papis una camiseta con motivos huesudos).

Me parece horrible esta moda tan lúgubre (también me he fijado que muchas famosas-fashion llevaban las uñas negras, ¡¡¡¡que me dan un ascooooo!!!), y no pienso sucumbir a ella. ¿Será influencia de la peli ésta de “Piratas del Caribe”? ¡¡¡Aaaarrggghhhh!!!

Claro que también me parecía horrible la moda del dorado/plateado, y me he resistido todo lo que he podido… hasta sucumbir ante unas sandalias que ahora me parecen mo-ni-si-mas. Así que ya no digo de este agua no beberé, que nunca se sabe.

Daños colaterales

Julio 25, 2006 por manderley

Copio un artículo del NYT de hoy, del columnista John Tierney. Para Hezbollah, a diferencia de Israel, los “daños colaterales” ni existen, ni se les espera: su objetivo declarado es matar civiles.

Esa es la gran diferencia, de fondo y de forma. Por eso desde la izquierda se insiste tanto en que Israel es un estado “terrorista”. Y por eso las palabras de Pepiño Blanco declarando que uno de los objetivos de Israel es matar civiles son tan despreciables, y tan graves. O también puede ser (no lo descarto) que es tonto y no sabe encontrar esa diferencia. No sé qué es peor.

Aquí el artículo:

To Hezbollah, there is no such thing as “collateral damage” from its missiles. Israel keeps telling the world that its army aims only at military targets, but Hezbollah doesn’t even pretend to. Its soldiers proudly fire away at civilians.

These terrorists consider themselves men of honor, and unfortunately they are — by their own definition. We in the West can call them barbaric, which they also are, but they’re following an ancient social code, even if we can’t recognize it anymore.

The best guide to this code is James Bowman’s new book, “Honor: A History,” which is not a quaint collection of stories about dueling noblemen in Heidelberg. If the obsession with defending one’s honor seems remote now, it’s not because the urge has disappeared. We’ve just forgotten how powerful it is.

In the West we’ve redefined “honorable” as being virtuous, fair, truthful and sincere, but that’s not the traditional meaning. Honor meant simply the respect of the local “honor group” — the family, the extended clan, the tribe, the religious sect. It meant maintaining a reputation for courage and loyalty, not being charitable to enemy civilians. Telling the truth was secondary to saving face.

This “tyranny of the face” continually frustrates Westerners trying to understand the Middle East. When I interviewed villagers in Iraq, I discovered we usually had separate agendas: I wanted the facts, but the villager wanted to avoid embarrassing either of us. So he would tactfully search for the answer that would both please me and not dishonor his family.

When American tanks rolled into Baghdad, Western television viewers were astonished at the sight of the Iraqi information minister steadfastly denying that anything was going wrong. But it made sense from a traditional honor system. The only thing worse than being defeated is the shame of admitting defeat.

He was just following the strategy of Sir Lancelot when the knight was accused of adultery with Guinevere, King Arthur’s wife. Everyone, including Lancelot, knew the accusation was true, but Lancelot insisted on fighting his accusers — and after he defeated them, he proclaimed that his victories proved his innocence. He had saved face; therefore he must be honorable.

Lancelot’s strategy, as Bowman explains, ultimately didn’t work because his traditional view of honor was going out of fashion, made obsolete by the influence of Christianity. Instead of might-makes-right, Christianity preached turning the other cheek. Instead of according special honors to an elite class of men, it preached egalitarianism and love toward strangers. It emphasized inner virtue, not outward glory.

The result was a new honor system in the West, chivalry, that was an uneasy combination of Christian virtues and knightly violence. Eventually, with the decline of the aristocracy and the rise of the bourgeois and democracy, the system evolved into what Bowman calls honor-by-merit, epitomized by the Victorian ideal of the gentleman who earns his reputation by working hard, playing fair, defending the weak and fighting for his country.

The problem today, as Bowman sees it, is that the whole concept of defending one’s honor has been devalued in the West — mocked as an archaic bit of male vanity or childish macho chest-thumping. But if you don’t create a civilized honor culture, you risk ending up with the primitive variety.

“The honor system in Arab culture is the default honor system, the one you see in street gangs in America — you dis me, I shoot you,” says Bowman, a scholar at the Ethics and Public Policy Center. “We need a better system that makes it honorable to be protective of those who are weaker instead of lording it over them.”

When you’re confronted with an honor culture like the one in the Middle East, there are two rules to keep in mind. One is that you are not going to placate the enemy with the kind of concessions that appeal to Western diplomats. “Hezbollah is fighting for honor, to humiliate the enemy, not for any particular objective,” Bowman says. “Israel has no choice in what it’s doing. Nothing short of victory by either side will change anything.”

The other rule is that you’re not going to quickly transform an honor culture. The Iraq war was predicated on the assumption that democracy would turn Iraqis into loyal citizens with new civic virtues. But for now the old loyalties to tribes and sects still matter more than any universal concept of justice. The men would rather have honor than peace.

Miedos

Julio 25, 2006 por manderley

Ningún amor es eterno, ni incondicional: ni siquiera el de tu familia de sangre. Se puede dejar de querer a un padre, igual que se puede dejar de querer a un hijo. Que no vengan padres o hijos indignados a decirme que eso es imposible, porque de imposible nada: padres y madres catastróficos los ha habido siempre, y los seguirá habiendo; así como hijos catastróficos, hermanos catastróficos y amigos catastróficos, y amores catastróficos y destructivos. Se puede dejar de querer a un hermano, a un amigo, y al amor de tu vida. Ningún amor es eterno. Ningún amor es incondicional. Para querer a alguien, ese alguien se tiene que dejar querer. Y para que te quieran, te tienes que dejar querer.

Hay personas que tienen una actitud claramente agresiva/defensiva/destructiva en su relación con los demás, una forma insana de relacionarse con los que les rodean. No pueden evitar hacer daño a los demás, ya que así se reafirman: al hacer daño y percatarse del daño que hacen se demuestran a sí mismos el cariño que se les tiene, es una forma nociva y destructiva de auto-afirmación. Pero eso tiene un límite: el daño que puedes hacer es limitado. Cada vez que haces daño llenas un vaso que, un buen día, se llena y rebosa. Cuando el vaso rebosa, ya nada se puede hacer: está lleno, y no hay forma de vaciarlo. Toda gota que cae es ya inútil, sobra: el vaso ya está lleno, no lo puedes llenar más.

Hay personas empeñadas en demostrarse a sí mismas y a los demás que no se les quiere, o que no se les ha querido. Y con esa actitud, lo único que consiguen es precisamente lo que tanto empeño tienen en demostrar: que se les dejes de querer, y que incluso se dude del amor que alguna vez se les tuvo. Porque ningún amor es eterno, ni incondicional. Ninguno. Por muy grande que éste haya sido.

Si te empeñas en demostrar que alguien no te quiere, y para ello te dedicas a torpedear el amor que se te tiene, lo único que conseguirás es eso: que te deje de querer. Y si haces eso, algún problema debes tener: porque siempre es mejor ser querido o haberlo sido, ¿no? ¿Por qué ese empeño que tienen algunas personas en demostrar que no se les quiere o no se les ha querido? ¿No será que son ellos quienes no corresponden a ese amor, y se sienten culpables por ello? ¿Es por eso por lo que quieren destruir el amor que se les tiene o se les ha tenido?

Yo misma alguna vez he tenido esa actitud auto-destructiva, por eso la reconozco tan bien cuando la veo en los demás. Y me da un miedo, una inseguridad terrible darme cuenta de lo que se puede llegar a destruir. Y que, igual que yo puedo dejar de querer a quien tanto quise y de forma tan incondicional, también me pueden dejar de querer a mí.